La educación es política pública

Este mes de marzo celebramos el natalicio del Benemérito de las Américas Benito Juárez García y en esa tónica sería importante hablar de una de las aportaciones por las que es más reconocido: la educación.

Su historia de vida se ha enseñado a la población mexicana como bajo una narrativa de superación a través de los estudios, a pesar de las dificultades económicas que padecía, considerando además que estas dificultades se veían agravadas por un tema de racialización. Desde ahí se explican sus posturas y trabajo a favor de la democratización de la educación. Él sostuvo: «Libre, y para mí sagrado, es el derecho de pensar. La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos».

El portal del Gobierno de México reconoce como valiosas aportaciones a la educación por parte del expresidente la instrucción primaria como obligatoria y gratuita; la creación de la instrucción secundaria para el sexo femenino; el establecimiento de diversas instituciones de educación superior; y la fundación de la Escuela Nacional Preparatoria, cuyo primer director fue el médico Gabino Barreda.

A partir de este reconocimiento debemos plantearnos cómo garantizamos actualmente la democratización del conocimiento desde la política pública. Con la llegada y aparente masificación del internet, la perspectiva generalizada comenzó a ser que cualquier persona tiene, hoy día, acceso a todo el conocimiento que desee, sin embargo, cuando la educación a distancia fue requerida, nos encontramos con la avasalladora verdad: todavía es un privilegio tener información ilimitada al alcance de la mano. Además, consideremos las opciones de estudios públicos a nivel superior que resultan realmente posibles de pagar, a pesar de las opciones de becas, tomando en cuenta además que las condiciones de desigualdad impactan en la decisión de cursar estudios superiores, derivado de la necesidad de comenzar a generar ingresos, la precariedad laboral y condiciones de trabajo sobreexigentes que no permiten la compatibilidad con los estudios. Aun cuando haya opciones educativas gratuitas, la educación resulta una inversión de tiempo, que para muchas familias se traduce en una merma de ingresos.

Desde la política pública debemos ser analíticos de los contextos generales, para evitar caer en acciones superficiales o políticas públicas «de farol» cuando la raíz de los problemas tiende a ser multifactorial y compleja; por tanto, las soluciones deben ser acordes con esas características. Si te interesa este enfoque, te invitamos a cursar la Maestría en Gestión y Políticas Públicas que la Universidad Iberoamericana Tijuana tiene para ti.

Imagen propiedad de: Europa Press

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